Una obra maestra olvidada: "Los miserables" (1925), de Henri Fescourt
Es una de las más grandiosas películas del cine mudo. Obra de gran aliento, pues no en vano debía conseguir la calidad de la colosal historia de Victor Hugo en la que se basa. Y Fescourt lo realiza con éxito.
Hay que sentarse a ver está película con buen ánimo, pues dura seis horas aproximadamente, pero todas y cada una de ellas merecen la pena. Al parecer el primer montaje duraba ocho horas, pero finalmente se "redujo" a seis. La restauración que fue proyectada en el festival de cine mudo de Pordenone en 2015 le dio todo su antiguo esplendor, recuperando los tintados y virados y dividiéndola en cuatro partes, de las cuales la primera, que dura algo menos de hora y cincuenta minutos, se puede ver en Youtube en el momento en que escribo. El resto circulan por la red, y si ustedes le dedican un tiempo, pueden encontrar las cuatro partes para ver la película completa.
Intentaré resumir los valores de esta obra, que tiene la ambición de narrar el relato completo de Hugo. Es solo comparable a proyectos como Avaricia (1924) de Stroheim o el Napoleón (1927) de Abel Gance, si bien ninguno de estos dos pudo mantener la integridad de lo planeado, a diferencia de Los Miserables.
De modo que la película que nos concierne es un gran fresco capaz de retratar por igual los individuos y la sociedad de aquel tiempo, situado entre la derrota de Waterloo y la insurrección republicana de París de junio de 1832.
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| Gabriel Gabrio como Jean Valjean |
Pero en mi opinión no es la actuación lo que más destaca en la película, sino la extraordinaria dirección de Fescourt. Se trata de una película enormemente pictórica, pero cuajada de emoción, sin que pase ningún momento en que esta no esté vibrando en la pantalla. La composición de los planos es majestuosa, integrando perfectamente el paisaje urbano o el rural, según corresponda, en la emoción de los personajes.
Pero cuando es necesario un montaje rápido, Fescourt recurre a este con una maestría notable. Son puntuales los casos en los que se acelera la edición, pero de gran efectividad. También utiliza el montaje metafórico, insertando elementos del paisaje u objetos que dan gran profundidad simbólica al pensamiento visual de esta obra.
Relacionado con esto, también hay momentos de elementos más vanguardistas: sobreimpresiones que reflejan el estado de ánimo de los personajes, apariciones del pasado en rápidos flash-back... Fescourt no desdeña ningún recurso de los que el cine, a la altura de 1925, se había dotado.
La iluminación es sorprendente, ayudada por los tintados de varios colores que van dando el tono de las distintas secuencias. La restauración en esto es encomiable. La calidad y resolución de la imagen, para los afortunados que pudieran contemplarla en la pantalla principal del festival de Pordenone (un guiño desde aquí a mi admirado Doctor Caligari / Mabuse en cuyo blog pueden leer la reseña de aquella jornada), debe ser magnífica.
Pero la gran virtud de esta cinta es que se trata de, para mí, el mejor ejemplo, y último, de un estilo francés que nació en los años diez y está representado por autores como Louis Feuillade (quien fue maestro de Fescourt), Léonce Perret y, sobre todo, Maurice Tourneur. Se trata de un cine pictórico, que cuida en grado sumo la belleza de cada imagen y que acabó siendo relegado por el empuje del cine de montaje desarrollado principalmente en Estados Unidos y la Unión Soviética.
Si quieren ver una gran obra de arte y disponen de tiempo, no duden en contemplar esta obra maestra tan relegada en las historias y las webs de votaciones de cine. Por dar un dato, esta película, que a juicio del Doctor Caligari (y mío también) está entre las cincuenta mejores películas del cine mudo, no ha alcanzado el número mínimo de votaciones en filmaffinity España. Aquí les dejo la primera hora y cincuenta de esta obra. No tiene música, pero si ustedes ponen de fondo una buena antología de Maurice Ravel, la experiencia funciona estupendamente.




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