La llegada del cine a España III. El estreno: 12 de mayo de 1896

Chiste gráfico de El Cardo,
26 de mayo de 1896

Me propongo deleitaros, mis queridos fieles lectores, en la medida de lo posible y de la disponibilidad de vídeos circulantes por la red, con la experiencia de reproducir virtualmente la primera sesión de cine de la historia de España. Gracias a la prensa se pueden conocer las películas que Rousby proyectó en el circo Parish / Price, donde permaneció ofreciendo funciones las noches de 1896, a partir de las 9 de la noche, en un espectáculo que se prolongó durante un mes: del 11 de mayo al 11 junio, cuando hizo las maletas para continuar con sus sesiones de Animatógrafo en Lisboa, donde había sido contratado.

El público que acude al Parish es de lo más variado. No es un espectáculo selecto, hay números para todos los gustos, edades y condiciones sociales: acróbatas, caballistas, payasos, música y entre ellos se ha insertado una novedad. La gente no sabe del todo bien si va a consistir en otro de aquellos fantásticos espectáculos de linterna mágica o qué exactamente van a ver, pero el fin de semana los papeles anunciaban que volvía Míster Rousby, y esta vez no con una “sinfonía eléctrica”, como cuando actuó aquí siete años atrás, sino con un número llamado “Animatógrafo”, que debe ser que anima las fotografías o algo así… ¿será magia, como dicen que está ocurriendo en Francia con un invento llamado cinematógrafo que causa sensación?

En fin, acomodémonos en la butaca y dispongámonos a disfrutar. Tras unos variados números circenses, el presentador anuncia que míster Rousby les va a ofrecer un espectáculo sorprendente. El húngaro sale al centro de la pista, los focos de carbón lo iluminan, hace un par de reverencias y va a colocarse justo detrás de la pantalla, desde la cual algún extraño manejo está por comenzar. Una tenue sombra permite entrever cómo manipula un aparato, al parecer mecánico.

Estructura del llamado Segundo Price desde 1880, cuando se renovó tras el incendio del Price anterior.

Así pues, apaguen sus móviles y prepárense para viajar en el tiempo 130 años atrás. Han comprado, por la módica cantidad de 50 céntimos, una entrada para el Price y sobre las nueve menos cuarto de la noche de hoy, martes 12 de mayo de 1896, ya se agolpa la concurrencia para ocupar los mejores sitios. Las damas elegantes prefieren las gradas altas, pues son las mejores para contemplar las últimas novedades de la moda en la soirée fasionable, que es a lo que estas encopetadas señoras han venido principalmente.

Rodaje de una danza serpentina

Pero... un momento, parece que hay un problema. Los potentísimos arcos voltaicos no consiguen generar la luz que, al parecer, necesita el mecanismo. Hasta Herzog se ha acercado por detrás de la pantalla. Hacen algunos ajustes, se oyen algunos chasquidos y... todo queda oscuro. Vuelven a encender las luces del circo y, ya bastante nervioso, Rousby intenta desesperadamente ajustar los extremos de carbón de las lámparas y comprobar si la corriente eléctrica fluye adecuadamente hacia ellas. Hace un segundo intento y... se vuelve a apagar la luz. Los espectadores comienzan a preguntarse si podrán ver hoy el nuevo invento. Todo el graderío es un murmullo, un rumor masivo sale de los casi dos mil espectadores del gran coliseo.

De súbito las luces se apagan y queda iluminado un gran lienzo blanco tras el cual está Rousby y su aparato mecánico, que produce un traqueteo notable. Por milagro o arte de magia, se ve lo siguiente:

Sí, es cierto lo que ven sus ojos. Nos hemos trasladado como por encanto al puente de Blackfriars donde, increíblemente, los caballos están vivos tirando de sus carruajes y los gentlemen pasean su elegancia por las aceras. Alguno, incluso, nos mira, como si estuviéramos viendo a través de una ventana. La luz desaparece y cuando se ilumina el circo (mientras Rousby cambia el rollo de película afanosamente), la muchedumbre prorrumpe en un ruidoso aplauso.

Comienza la segunda proyección en la sábana mágica:

Es otra estampa londinense. En el cuadro aparece el ajetreo de la gran ciudad, con sus coches de línea de dos pisos arrastrados por relinchantes caballos. Todo son anuncios, riesgo de atropellos...

¿Esta película es la titulada New Westminster Bridge? No está claro. Apareció en las reseñas de los periódicos españoles esos días como "Westwhinster" [sic]. A fines del XIX nuestros gacetilleros no dominan el inglés; la lengua de cultura es aquí el francés. Este filme no es On Westminster Bridge o Westminster Bridge del que se conserva este flipbook, aunque así reza en el vídeo de youtube.

Se produce una nueva pausa, un nuevo aplauso y así será en adelante, con el público emocionado con cada uno de los cuadros. Siguiente...
  • Una herrería / New Blacksmith Shop (1895), W. K. L. Dickson (dirección) y William Heise (cámara), para la Compañía Edison.

Algún espectador cree haber visto una cinta parecida en el kinetoscopio de Edison el pasado año, en el local que estuvo primero en la Carrera de San Jerónimo y luego en la Puerta del Sol.

Y estaría en lo cierto, pues este filme es, obviamente, un remake:

Efectivamente, la película plagia literalmente otra titulada Blacksmith Shop. Pero esta última, a su vez, es una versión de la primera película lograda de la historia del cine, A Blacksmith, de 1893, realizada para el kinetoscopio. De todos modos todo queda en casa, pues las tres películas son de la factoría Edison. Seguramente esta tuvo tal éxito que hubo que rehacerla varias veces, pues las copias estaban ya muy deterioradas. Pero no queda ahí la cosa.

Al conocer los Lumière el éxito de Edison con A Blacksmith, más conocida como Blacksmith Scene, le "robaron" la idea y Louis, el hermano cameraman, realizó en octubre de 1895 la suya; sí, los Lumière, esa familia de industriales que decían que esto no era más que una curiosidad científica pasajera, compitiendo por conseguir el blockbuster del momento. En todo caso, lo cierto es que la versión rodada con el cinematógrafo de los lioneses era de mucha mayor calidad que la que conseguían los aparatos de Edison o de Paul, y de ahí que al final triunfaran sobre todos los demás en la etapa bebé del cine. Se titula Forgerons (Forjadores o Una herrería). Y merece la pena que la veamos también, aunque nos saque un momento de la ficción de la velada del Price.

Y ya que estamos, veamos también la versión original. Nada menos que de 1893. El primer gran logro de Edison en el cine. Fíjense en el detalle de la pausa para el refrigerio, que está también en la imitación de los Lumière, y aporta un giro a la acción para que no se haga monótona. No se improvisaba nada. En la versión de los franceses, el herrero trabaja... ¡con camisa blanca y corbata! No parece lo más adecuado si al acabar la jornada tienes una cita para ir al teatro... o al cine.

Tras una pausa en la que Rousby aprovecha para limpiarse un poco el sudor con un gran pañuelo blanco, ya un poco más calmado que al principio, vemos lo siguiente:

  • Bella Chiquita / Princess Ali?, (1895), William Heise para Edison Co.

Esta Bella Chiquita, como la llama la prensa, no era la conocida bailarina de varietés que en España provocaba escándalo por el descaro de sus danzas, pues no consta que apareciera en ninguna película. Seguramente se proyectó Princess Ali, una película de Heise que era casi obscena para la época por los movimientos que hace ella con su vientre.

Las elegantes damas acallaron una risita y los galanes con sombrero de copa hacían como que no habían visto nada, pero la verdad es que este número había sido fuertecito. Sigamos con la función.

Cuidado no confundir esta película con otra bastante distinta titulada Robetta and Doretto (2) o Lavandería china (Chinese Laundry Scene). Este filme de Edison, ya un tanto antiguo, siempre causaba un gran efecto y las crónicas destacan el movimiento del humo y cómo se desvanece sutilmente. Eran los prodigios aún no vistos por el ojo humano, que impresionaban las retinas con poderosa fuerza. El título lo dice todo: en el cine el escándalo funciona. Mujeres lascivas y hombres drogándose. Nada ha cambiado desde entonces.

No podía faltar en el programa una danza serpentina, ya conocida para quienes me siguen, por los post inmediatemente anteriores. Aunque sabemos que la auténtica creadora de esta danza nunca actuó para el cine, no deja de admirarnos el movimiento de las enormes telas que ella inventó.

Lástima que solo sobrevivan 32 fotogramas, que a velocidad normal de la época suponen unos tristes 2 segundos de duración. Pero ya saben que la mayor parte del cine de esta época se ha perdido, así que démonos por satisfechos. La versión que proyectó Rousby fue la rodada en 1894 por la casa Edison. Más adelante renovó la programación con nuevas películas y proyectó una versión denominada “Miss Fuller” de la que se indica que es “en colores”.

Se trataría de una de las numerosas danzas serpentinas que circularon en aquellos días, quizá Annabelle Serpentine Dance (3), 1895 (W. Heise para Edison Co.), de la que nos queda testimonio fotográfico coloreado con un magenta en el vestido de la bailarina, y es la que vimos en el artículo anterior conservada en formato filoscopio (flipbook); o la titulada Butterfly Dance, también de Heise y 1895. Acaso pueda ser la llamada Annabelle Sun Dance, del mismo año y autor. Su identificación en este caso es complicada, ya que había decenas de películas de danzas serpentinas en esta época.

Muy a tono con el Price, esta cinta nos trae un número de variedades protagonizado por las famosas Gaiety Girls de Londres.

Las crónicas hablan también de una película del mar rompiendo y la espuma estallando. Bien pudiera ser Rough Sea at Dover, filmada en 1895 por Birt Acres para el kinetoscopio y proyectada por Robert W. Paul en enero de 1896.

Proyectó alguna otra que no ha llegado hasta nuestros días, como Danza guerrera y de los palillos (Short Stick Dance, 1895, de William Heise para la Compañía Edison) o una titulada Negros excéntricos pero, en lo básico, esta fue la sesión de cine que contemplaron los espectadores de la función del 12 de mayo de 1896 en el circo Price, la primera proyección del séptimo arte en España.

En los siguientes días los periódicos notan que los programas se van renovando con nuevas películas, realizadas seguramente por Robert W. Paul. Como más adelante veremos, cuando Rousby traslade su espectáculo a Portugal, vendrá de Inglaterra Henry Short quien rodará películas en España y Portugal para nuestro trotamundos, y con ellas renovará su repertorio. En el país vecino Rousby tuvo más recorrido, pero eso lo dejaremos para un futuro artículo que relate el epílogo de su actividad cinematográfica.

Efectivamente, a comienzos de junio la prensa anuncia que Rousby se marcha de Madrid contratado por un empresario de Lisboa. El último anuncio aparece el día 11 de ese mes, y el 15 la noticia es que nuestro protagonista ya ha partido hacia Portugal.

✍ José Manuel Moreno Escarlati

Fuentes

*Se incluyen referencias de todas las fuentes consultadas para la serie "La llegada del cine a España".

  • Jean-Claude Seguin Vergara y Jon Letamendi Gárate, “El animatógrafo de Edwin Rousby (Circo Parish), 11 mayo-[11] de junio 1896”, GRIMH, 1896-1906-villes MADRID

  • Rosario Rodríguez Lloréns y Jean-Claude Seguin, Les Danses serpentines et leurs variantes (1894-1910). GRIMH. 1896-1906-films EDI_49 


Comentarios

  1. Querido Escarlati,

    Permíteme que te felicite por este sensacional post y en general por el trabajo que estás haciendo de documentación sobre los orígenes del cine en España. Los otros dos posts de esta trilogía ya me parecieron muy buenos, pero este tiene un encanto especial por cómo has conseguido recrear las impresiones y sensaciones que debían tener los espectadores en esta primera proyección. Se nota un gran trabajo detrás, ¡mis felicitaciones!

    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, Doctor. No sabes cuánto me alegran esas palabras, viniendo de ti. Un abrazo.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Primeras películas conservadas de España (1896‑1899)

Debut de Chaplin en el cine

El cine en el siglo XIX: cine en España en 1900